1999 | Juntos por la vida

En el año del Señor de 1943, la finca El Reguero, situada en el municipio de Puerto de Béjar, en la provincia de Salamanca y Diócesis de Plasencia, es adquirida por la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús. 
La cercanía de la finca a la ciudad de Salamanca es determinante. En la capital del Tormes se encuentra el Aspirantado, el centro de formación de los Operarios, y la finca es adaptada para que sirva como seminario de verano de los aspirantes. Se levantan los pabellones, se habilita la casa, se cava la piscina (son muchos los operarios que recuerdan cómo cavaron para construirla) y se construyen también las mesas de piedra y cemento del comedor, con decoración teselada, que aún hoy se conservan. Al final de la finca, en la ladera que baja hasta el valle del río, un regato de agua pasa por un prado entre altos árboles. Este reguero de agua da el nombre a la finca: El Reguero. 
Durante muchos veranos los aspirantes llenan la finca en un mes de convivencia en un entorno distinto que permiten las vacaciones académicas. En el pueblo, los mayores recuerdan esta época y desde entonces el cariño y respeto entre Puerto y la Hermandad se mantiene a pesar del paso del tiempo. La finca cae en desuso como seminario, y aunque durante un tiempo se usa también como zona de acampada, no se le da un uso continuado, lo que provoca la caída de los edificios, el deterioro de la piscina y de las mesas, que crezca la maleza y los árboles por todas las zonas de la finca. 

Más de cincuenta años después de la compra de la finca por la Hermandad, se redescubre la misma y cerca del año 1997 un grupo de aspirantes de la Hermandad, siendo rector don Esteban Díaz, acude a la finca en distintos momento para tener tiempos de convivencia y como campo de trabajo. A estas tareas se unen en año sucesivos jóvenes del grupo Entre Amigos del Colegio Maestro Ávila de Salamanca y de la Parroquia de San Pablo de la misma ciudad, a cuyo cargo están también los operarios. 

Esta iniciativa cobra cuerpo en el año 1999. Junto con don Esteban, un grupo de operarios consideran positivo reunir a jóvenes vinculados a los grupos que acompaña la Hermandad y, en la finca, tener una actividad común de verano, diferenciando los contenidos de la misma por edades, que incluya también un campo de trabajo que sirva como rehabilitación de la finca. Un fax a la Delegación de España pidiendo permiso específico para la convocatoria marca el inicio de la preparación de esta actividad, pensada como campamento, desde el carisma propio de la Hermandad y con elementos tomados de los principios y costumbres del Movimiento scout de Baden-Powell. El 15 de julio de 1999 llegan a la finca los primeros acampados oficiales, que van a resarrollar un campo de trabajo. Al frente de este campo, Antonio Blasco, de la Parroquia de San Pablo. 

Unos días después, el 20 de julio, llegan los primeros acampados, con D. Esteban Díaz como coordinador y primer director del Campamento. Es 1999 y nace El Reguero. 

El nombre, Campamento Puerto de Béjar’99. A lo largo de los días se desarrollan muchas de las activividades que aún hoy llenan los días de campamento. Se puede leer en la crónica de los monitores cómo se organizó la primera yincana de agua, la primera marcha a Montemayor del Río, la visita a la residencia de Ancianos de Puerto, un día de los amigos (precursor de las puertas abiertas), la subida a las Lagunas del Trampal, la noche del terror… 

El primer logo de El Reguero

Los monitores de Salamanca crean, basado en la tradición Scout, el símbolo identificativo de El Reguero. Una pañoleta azul y verde. También la imposición de la misma y una bandera y un escudo de los campamentos, elegido por concurso después de la convivencia en Canfranc de ese mismo año. “La pañoleta ha sido un trapo curioso y útil. Los colores: el azul del cielo y de las lagunas en contraste con el verde de los frondosos bosques y la hierba. La pañoleta da identidad al grupo, se localizan mejor a los chavales en la marcha y en el pueblo, sirva para algunos juegos, abriga la garganta y te anima (al verla en casa) a venir al año siguiente.” 

Estos fueron los primeros valientes: Carlos Díaz, Álvaro Rivas, David Mateos, Juan Carlos Martínez, Gemma Sánchez, Ana Curto y Pablo Ávila. El primer equipo de monitores de El Reguero. 

Y un paso intermedio. El siguiente momento de Hermandad es una convivencia, en la casa de Majadahonda. Es la primera asistencia de Valladolid y de Zaragoza, y es masiva. Las actividades de Hermandad se amplían y acude gente de todas partes… Es un renacer de la Pastoral Juvenil de la Hermandad,